Una taza de regalo
Casi descalzo y harapiento, te vi corriendo en la noche, esquivándole a los coches, jugando carreras al viento, "una monedita señor?" le preguntabas a todos, corriendo de todos modos, "algo" es menos que peor, lo único en tu ropa sano, un bolsillo colorido, que de monedas tullido, apretabas con la mano, tres horas estuve mirando, tus carreras y pedidos, ni humilde ni presumido, continuabas perseverando, la medianoche llegó, tu turno se terminaba, te seguí mientras comprabas, aquello me emocionó, leche, panes y galletas, también una gran taza, te seguí hasta tu casa, te gritaron ¿donde estabas?, un golpe allí te dieron, por comprar aquella taza, me paré frente a tu casa, y ahí enfrente me vieron, tus padres borrachos estaban, ¿qué querés? me preguntaron, riéndose me miraron, mientras tu hermana y vos se abrazaban, entonces me fui de allí, con furia y con impotencia, con mil cosas en mi conciencia, y en mi mente me perdí, aquel niño de la calle, que con fuerzas trabajaba, para que cosas no faltara, hace que mi pecho estalle, pensar que así hay muchos menores, pasan el día pidiendo, buscando llegar al sustento, que les fijan sus mayores, pero aquel corredor de edad temprana, que una taza había comprado, como le habían pegado, por un regalo a su hermana.